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08/12/2005

Elígeme

En mi sueño, la veía a ella. Esbelta y exótica, con su kimono ceñido a las caderas. Con el pelo recogido en un moño y los pómulos marcados con purpurina. Con ademán de susurrarme algo al oído. Yo me acercaba para escuchar su secreto, pero no conseguía entender la única palabra que sus labios pronunciaban. Cuando le decía que no la comprendía... ella me ignoraba y rompía a reír. Reía con una risa cínica y quebrada. Y se iba. Cada mañana, al despertar, recordaba el mismo sueño.

Ella era la belleza asiática que vivía en la habitación de al lado. Por entonces me alojaba en un hostal de mala muerte entre Sol y La Latina. Mi enigmática vecina apenas se dejaba ver. Llegaba de madrugada haciendo mucho ruido, con aires de borracha y a menudo con compañía. Durante el día canturreaba canciones extrañas. Trabajaba de dependienta en el delic de la Plaza de Santa Cruz, una de esas tiendas tenemos-de-todo con horario de apertura flexible. Ella se hacía la distraída, apenas levantaba la vista y pretendía no recordarme. Quizá no lo hacía.

Aquella mañana, tras mi sueño recurrente (mi único sueño), ella irrumpió en mi cuarto. "Tengo que hablar por teléfono", observó en respuesta a mi sorpresa. Me cogió el móvil de la mesilla. Se enzarzó en una discusión con un anónimo conferenciante y desapareció por el pasillo. Llegaba tarde a un compromiso, así que desistí de ir tras ella. A mi vuelta encontré una escueta nota en la que decía "Gracias" y firmaba "Chida". Por la noche tuve de nuevo el sueño de todos los días, pero algo había cambiado. Tras mi incomprensión de su secreto y sus risas de ironía, la seguía. La seguía por el salón de un burdel imposible de paredes rojas. Desaparecía con su aura de misterio entre el humo de miles de cigarrillos. Y la perdía. El sueño se había vuelto aún más desesperado.

Al día siguiente, incitado por su nota de agradecimiento, llamé a su puerta. Me abrió somnolienta y dijo con voz burlona que me había visto la noche anterior. No era posible, salvo en mi sueño… y yo nunca comparto los sueños porque hace tiempo que, salvo el que ahora me atormentaba, dejé de tenerlos. "¿En dónde?", le pregunté. Por única respuesta obtuve una mirada fría. Empezó a entonar una de esas canciones para mí sin sentido y cerró con llave, dejándome fuera.

Pasé la tarde de timba y alcohol. Perdí mucho y me retiré pronto. De vuelta a casa, la vi andando apresurada por la acera de enfrente e intenté alcanzarla. La perseguí a distancia, oculto entre la gente. Hasta el Berlín Cabaret, luego al Teatro de las Aguas y por fin a la Puerta Verde (selecto club clandestino de la calle Atocha en el que no sería bien recibido). Haciendo uso de engaños y algún cómplice, logré cruzar la puerta y busqué a Chida con la mirada. Estaba allí, al fondo, riendo con el aire ausente que dan las sustancias prohibidas. Me dirigí a ella. Sin articular palabra, respondió con los ojos a mi silenciosa demanda: "No, hoy no… ¿no ves que estoy ocupada?" Mi frustración por su desidia parecía divertirle. Mas temo que su frivolidad y sus flirteos no eran del agrado de sus acompañantes. Uno de ellos, molesto por la interrupción, se percató de mi engaño. Me echaron a patadas. Esa noche no tuve sueños.

"¿Hoy también vas a negar que me viste?" Desperté sobresaltado al día siguiente. Ella me estaba zarandeado, intempestiva, sacándome de mi sueño sin sueños. Acababa de llegar al hostal, aún llevaba el maquillaje de purpurina. No había vuelto acompañada y, lo más importante, había venido a verme. Le confesé que la había seguido. Le propuse que pasara conmigo el día. "Tengo a muchos hombres con los que puedo perder el tiempo si me apetece. ¿Por qué habría de elegirte a ti?" Contesté que no se arrepentiría si me elegía pues, sin duda, yo poseía virtudes que ningún otro le ofrecería. Para mi sorpresa, aceptó la propuesta. "Dentro de una hora. Sé puntual. No tardes". Creo que yo también empezaba a disfrutar de su juego, el juego del ratón y el gato. Aún cuando dejaba claro que yo era el roedor y ella el minino. Un juego peligroso.

Estuvimos largas horas bebiendo y callejeando durante aquel día lluvioso y desapacible. Quise enseñarle los secretos de Madrid. Perdí la primera partida cuando caí en la cuenta de que los conocía todos. Sin saber cómo, proseguimos el juego entre las sábanas. Hicimos el amor despacio y profundo y luego intenso y rápido. Nos saboreamos con delicadeza a besos y nos probamos sin freno a dentelladas. Volvió a ganar ella. Dos a cero.

Pasamos varias noches en un universo de cuatro paredes, con cuatro patas para un sueño de cama y almohadas. Proseguimos nuestra batalla durante aquellos confusos días. En los momentos de tregua, soñábamos. Ella pronunciando ininteligibles palabras a mi oído. Yo sufriendo por no entender esas palabras. Y suplicándole que me eligiera. Mi sueño trasmutaba sin cesar y cobraba vida. Era irreal, como irreal era el burdel donde transcurría. Una multitud de amantes sin rostro rodeaban a Chida ansiosos en el salón de paredes rojas. Ella fumaba un pitillo con boquilla. Me examinaba con parsimonia y siempre, siempre, pronunciaba esa palabra vedada a mis oídos y que yo nunca entendía. Ante mi silencio, se vengaba con desprecio y elegía a otro. Todos mis sueños tenían ese final. El de un pequeño ratoncito devorado por una gata implacable y hambrienta.

Pero el último de esos días algo hizo click. Durante un orgasmo perdido, se oyó el grito de Chida. Unas lágrimas saladas mojaron su rostro y, por vez primera, me abrazó de forma diferente. No sé que pudo provocar aquel cambio. Estuvimos largo rato entrelazados, mesándonos el cabello en silencio y hablando con el roce de las manos y de los labios. La partida había terminado con un órdago arriesgado. Ella estaba emocionada y, me pareció, aliviada de que la hubiese liberado del juego. Me lo prometió todo sin palabras. Todo fue diferente tras cruzar aquel Rubicón. Un espectador ajeno podría haber dicho que acabamos en simples tablas. Pero en ese momento se nos antojó que el marcador final era mucho más hermoso. Éramos felices.

Tuve que ausentarme unos días. A veces necesito trabajar, pues no siempre consigo encontrar otra fuente de ingresos. En aquella ocasión, el trabajo me llevó a otra ciudad. Confieso que no hice grandes esfuerzos por evitarlo. Chida había logrado que recuperara mis sueños perdidos. Aquel sueño recurrente que tanto me había atormentado se tornó caleidoscópico y de colores. Pero, a mi pesar, seguía siendo incapaz de entender en mi sueño la palabra secreta de los labios de mi amante. Eso me inquietaba. Temía conocer la razón y, por ello, me engañaba. Había sido agradable volver a soñar y quise ignorar que me estaba vedado volver a hacerlo. Que el sueño de Chida era pura irrealidad. Pero, a pesar de todo, tenía la certeza de que aquel sueño era sólo el eco de otro más antiguo y más intenso. Otro que me había forzado a olvidar. Otro que jamás volvería. El sueño de otra Chida, de aquella que robó para siempre mis sueños. Así que, cuando tuve la oportunidad, escapé con la excusa del trabajo. Estaba aterrorizado por los recuerdos que ahora volvían. ¿Cómo revivir mis recuerdos? No. Dolería demasiado si intentaba revivirlos con Chida. Huí hacia adelante. Durante los días de ausencia, no volví a soñar mi sueño.

Pasó un tiempo, regresé a Madrid. Cuánto había cambiado Chida. Ya no era una belleza asiática cínica y distante. Ahora me amaba. Habíamos cambiado las posiciones: ella era un incauto ratoncito, yo un gato de uñas afiladas. Ella esperaba no tener que seguir con el juego, yo le forcé a seguir haciéndolo. Frecuentaba a otras mujeres y gastaba mis noches en correrías estériles. Sabe Dios que no podía evitarlo. Chida reaccionó con dureza: primero con recriminaciones por sus heridas, luego con súplicas y ruegos… al fin con altivez y falso desprecio. Un falso desprecio que no perdonaba ocasión para mostrarme. A veces exhibía sus amantes ante mi puerta. Otras se colaba en mi cama para demostrarme que sólo era sexo. El juego ya no tenía reglas: ambos nos habíamos vuelto gatos. Pero había algo que traicionaba a Chida: sus ojos. Unos ojos que yo ciertamente comprendía. Porque eran los mismos ojos que los míos, los ojos que una vez tuve frente a aquella otra Chida que hacía años se había llevado mis sueños consigo.

El nuevo juego no tardó en alcanzar su desenlace. Ninguno de los dos podía sobrevivir con tamañas heridas. Las dentelladas ya no eran dulces y dolían. No cesé de tener mi sueño cada noche, cada vez más angustioso y nunca más caleidoscópico ni de colores. Me obsesionaba aquella palabra que ella pronunciaba en el sueño y que yo nunca entendía. Me encerraba a temporadas en mi habitación, torturado por esa palabra sin sentido. Al fin, Chida se marchó con una breve despedida. "Adiós". No había más que decir, y yo nada dije. No volví a verla.

Tras su marcha volví a mi vida mundana como si nada hubiera pasado. Desperdiciaba los días con los vienen-y-van, en una carrera por olvidar y destruir lo poco valioso que una vez tuve. Camino de la perdición, la vida disipada es la opción más dulce, la única en la que el olvido tiene cabida. Pero la huída de Chida terminó por mostrarme la horrible realidad. Al poco, volví a tener mi sueño recurrente. Un sueño que, desde entonces, no he dejado de soñar. Noche tras noche.

En mi sueño, la veo a ella. Esbelta y exótica, con su kimono ceñido a las caderas. Con el pelo recogido en un moño y los pómulos marcados con purpurina. Con ademán de susurrarme algo al oído. Yo me acerco para escuchar su secreto… y, al fin, soy capaz de comprender la palabra que sus labios pronuncian. Cada noche escucho la misma palabra. Todas las noches la anhelo, todas las noches me lamento. Demasiado tarde he entendido que dejé escapar el amor de mi vida, que no es otro que Chida. Demasiado tarde me he liberado de las imaginarias cadenas de aquel otro amor pasado que una vez robó mis sueños. Busqué desesperado a Chida, revolví la ciudad para encontrarla. Pero se había ido. Y no volvería. Mi sueño recurrente, en el que al fin comprendo aquella palabra prohibida, es mi cruel y única compañía.

En mi sueño, la belleza asiática que una vez vivió en la habitación de al lado me susurra una y otra vez al oído, para mi tortura, una única palabra desesperada. "Elígeme".

Vuelvo tras unos difíciles días y... ¡madre mía! Cuántos comentarios pendientes, y qué buenos todos ellos. Estoy abrumado. Así que, para rellenar un poco el plog antes de lanzarme a devolver visitas, he echado mano de algo escrito hace tiempo, un pequeño relato de desamor titulado "Elígeme". Lo presenté al concurso del Lobo Estepario y creo que no ha gustado mucho... no me extraña, es una historia pretenciosa, edulcorada y mal escrita, jaja. (Foto: el amor no correspondido de Bai Ling en "2046")

Commentaires (7)

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Tamaruca a écrit :
A ver... releído con más calma... bueno, a mi me parece una descripción maravillosa de cómo, muchas personas, pagan en otras lo errores que una anterior pareja tuvo para con ellos. Soy mala pero... me alegro de que Chida lo dejase porque, francamente, se lo estaba buscando, y la asiática se comportó me forma inteligente... es absurdo permanecer al lado de alguien que te hace daño. Como igual de absurdo es no poner en juego todas tus fichas porque tienes temor al nuevo tablero. Sólo pierde quien no arriesga.

Un besico enorme ;-)
11 Déc.
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Tamaruca a écrit :
"In the mood of love" y "2046" me parecen dos películas preciosas, impactantes... sospecho que atí también te impresionaron... :-)
Por cierto, me alegra mucho hacerte sonreir en tus noches de insomnio, es un honor... aunque sea porque te hagan gracia mis desgracias, ehem! ¬¬
Si otro día te desvelas, me temo que mis amigos te recomendarían "el mundo de Pin&Pon" o las luchas entre "Indios y vaqueros"
Ah! Y vale, ya me creo que eres un niño, pero Puck era una morenita escocesa :-P
10 Déc.
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___Wich___ a écrit :
El bolero "Siboney" yo la escuché por primera vez en "2046", imagino que es la misma película china de la que me hablas, me fascino al oirlo, cuando el protagonista espía a su vecina por la mirilla, una escena muy sensual la cual la música ayuda mucho.
En cuanto a tu relato no deja de recordarme mucho a la película, me ha gustado mucho, no he podido evitar, por eso, a situarlo en una estética parecida.
Como en la peli, abofetea la realidad de alguien que busca en el futuro el recuerdo de un amor pasado, y muestra con sutileza el cambio del protagonista, primero una cara de la moneda y luego el reverso de la misma.
Y no tengo ni idea de crítica literaria, pero que digan lo que quieran los del Lobo Estepario, a mi me ha parecido una historia con proximidad y con una elegante sensibilidad. Me has seducido.

Besazos.
9 Déc.
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OliviaJoules a écrit :
Sabes que te digo? lo voy a imprimir (tu entrada) y me lo leo esta noche antes de dormir, como quien lee un cuento. :). Me gustan tus historias, y como esta es un poco larga, pues asi lo leo, y la disfruto. Ya te dire si me gustó o no (va a ser que si, seguramente).
Un beso Coyote.
9 Déc.
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JefeNaskapi a écrit :
Tuve que quitar mi blog
porque algún/a indeseable
andaba utilizándolo para dañar
a "mi gente".

Tal vez vuelva, pero no podré decir
que soy yo, asi que en realidad me voy
para siempre (al menos como maktub)

sigue asi
;-)

besos de maktub
9 Déc.
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Elenaquecantaybaila a écrit :
Bueno, tampoco hay que ser tan negativo... yo me la he leido entera... tan mala no sería...
9 Déc.
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---DUE--- a écrit :
Ostras... si que era larga la entrada de hoy madre mía!!
Esto es para que no nos quejemos más, no??
Pues lo he leído todo, pero me he quedado casi sin tiempo para atiborrarte de preguntas, como haces tú habitualmente...

Haremos un esfuerzo...

Es un sueño en realidad?por qué tienen tanto morbo las asiáticas?Chida es un nombre real?por qué los hombres pierden siempre la cabeza por los imposibles?Por qué él se entusiasma y ella se enamora? Por qué ninguna de tus entradas tiene final feliz?Por qué no ganaste?(el texto es realmente bueno)Define "díficiles días"o "abducido en el ciberespacio"...

Y después de esto aclaraciones:

- Gladys?era Sibyl Vane la que pierde la cabeza por él... Por no hablar de Basil... (el resto lo respondo donde toca, que aqui no pega demasiado...)
- Lo de volar,... que demonios es elucubrar??
- y mi regalo no será hasta antes de fin de año...
- Me quedó la duda de si eres o no el de la foto que te mandé (el del delfin...)

Un beso y felices noches (intentaré no soñar con asiáticos prostitutos que intentan decirme aquello que no entiendo...)
8 Déc.

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