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2005/11/18 ¡Dios mío, han matado a Kenny! ¡hijos de puta! (otra apasionante aventura del Hombre Descerebrado)Hace muchos, muchos años, en una galaxia muy lejana...
Lucía, mi instructora de aeróbic, me ha retado a saltar en paracaídas. Acepté encantado, aunque sufro de vértigo y las alturas me dan cierta aprensión. Así que he estado haciendo algunas pruebas para testar las medidas de seguridad. El lunes le quité el paracaídas a un madel-man y se lo acoplé a Speedy, mi hámster doméstico. Le tiré desde la azotea y el muy roedor aterrizó sin dificultad. Tras discutir algunos problemas técnicos, me comentó que como experiencia no había estado nada mal. La verdad, no acabé de tranquilizarme; conozco bien a Speedy y sé que le gustan las emociones fuertes. Tendríais que ver las carreras que se mete en la rueda de su jaula. Pero como ya estaba comprometido con Lucía, aquí me encuentro ahora en una avioneta. Subiendo a tres mil metros. Con el estómago en el lugar donde debería tener las meninges y una creciente urgencia por visitar al Sr. Roca en su trono. Glups. Menos mal que me he traído a Speedy conmigo para darme apoyo moral.
Lucía sonríe coqueta y me dice que no me preocupe, que será divertido. Lo que no me explico es por qué tardamos tanto en subir. Ya estamos a cuatro mil metros. No aguanto más, voy a la cabina para ver que pasa. Nuestro piloto es Kareem Abdul Jabar, el famoso jugador de los Lakers. Pero sólo encuentro a los mandos a un piloto automático hinchable con una estúpida sonrisa. Vuelvo junto a Lucía y le expongo la situación. Alarmada, Lucía sugiere que saltemos ya, que en efecto la ausencia de Kareem es muy extraña. Cuando vamos a revisar el equipo comprobamos con consternación que faltan los paracaídas. Encontramos una escueta nota de Kareem en la que dice: "Ahí os quedáis, perros infieles". Me entra un ataque de pánico. Speedy me da un par de bofetones con una mano de goma gigante y acabo por tranquilizarme. Afortunadamente, tengo un hámster muy previsor. Se ha traído el paracaídas del madel-man. Va un poco justo de envergadura para aguantar el peso de los tres, mas con un poco de fortuna quizá aterricemos sanos y salvos. Nos acoplamos (el cabrón de Speedy me roba el mejor sitio, pegadito al escote de Lucía... voy a tener que hablar muy seriamente con este hámster descastado) y saltamos. A media caída se rompe el paracaídas, pero una bandada de cigüeñas pardoalpinas que pasaba por allí nos recoge graciosamente en pleno vuelo y nos deposita en tierra. Ufff.
Parece que el sitio donde hemos aterrizado se llama Parque Sur. En un primer momento creemos estar cerca de Móstoles o de Leganés. Al cabo de un tiempo (quizá porque todo está completamente nevado, quizá porque las casas son de dibujos animados, no estoy seguro) caemos en cuenta de nuestro error. Nos adentramos en el pueblo y le solicitamos información a un nativo. Es un niño de unos ocho años, de un metro veinte de estatura, embozado en un anorak naranja y que responde al nombre de Kenny (lo hemos adivinado por eliminación, porque cuando le llamamos Emeterio no respondió). Le preguntamos por dónde se vuelve a Madrid. "Pfiikii iimmiuiii vimiigiii, pinki pinki", nos informa en un perfecto inglés. Ahá. (Aquellos duros quince años en la escuela oficial de idiomas al fin me han servido para algo). Lucía, Speedy y yo nos detenemos brevemente para parlamentar. Speedy impone finalmente su criterio y nos convence para aceptar la invitación de Kenny, así que le acompañamos al Festival Anual de Ventosidades Aromáticas en la Nieve de South Park.
El festival ha reunido en South Park a los mejores y más famosos pedorreros del mundo a este lado del Pecos (el lado oeste). El plato fuerte del programa es el concurso de ventosidades aromáticas en la nieve. Las puntuaciones se otorgan en base a criterios muy estrictos: olor, sonoridad, suciedad, intensidad y duración. Curiosamente, esto significa que el ganador es aquel concursante que se tire el pedo más oloroso, sonoro, sucio, intenso y largo. Hay además un premio especial del jurado al mejor pedo de fantasía y un premio del publico a aquel participante que consiga un pedo con olor a fresas con nata y mantecado. Pamela Anderson es este año la madrina del festival. Se pavonea de un lado a otro en un bañador rojo monopieza con una banda en la que se lee "Miss Fart South Park 2005". Los controles antidoping son muy estrictos. Antes del concurso, todos los participantes deben pasar un análisis de sangre, orina y aliento... se rumorea que anda por aquí un traficante clandestino de alubias zamoranas.
En un momento de descuido y dejándose llevar por el momento, Speedy me apunta en el concurso. Sospecho que el muy truhán quiere tenerme ocupado para fugarse con Lucía, pero no tengo pruebas. Dios mío, voy a tener unos contrincantes temibles. Eric Cartman, un amiguito de Kenny de 110 kilos de peso. Chef, el cocinero del colegio local y gran aficionado a las canciones eróticas. Kareem Abdul Jabar, nuestro piloto traidor que nos dejó tirados en la avioneta llevándose todos los paracaídas (salvo el del madel-man). José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro J. Ramírez, que pasaban por ahí en su luna de miel (por fin pudieron casarse al amparo de la ley del matrimonio gay, tras años de llevarlo en secreto). No me preocuparían mis adversarios si no fuera porque es tradicional sacrificar al último clasificado como ofrenda ritual a Dios. Además, no quiero hacer el ridículo delante de Lucía. Debo ganar el concurso para no perder las esperanzas de poder beneficiármela.
Llegada la hora, Robert Redford (presidente del jurado y alma mater del festival) declara inaugurada la competición. Me devora la ansiedad. Cartman es el primero: un pedo clásico, elegante, bonito pero poco arriesgado y nada vistoso. 5,50. 7,25. 5,75. 6,00. 6,75. Puntuación final: 9,25 (¿?). Le sigue Chef. ¡Oh, un pedo espléndido! Soberbio, totalmente podrido y muy sucio. Chef es un artista con un estilo muy personal. El público tiene que echar mano de las caretas de gas. 9,00. 9,00. 9,00. 9,00. 8,75. Puntuación final: 9,25 (¿?). Me pongo cada vez más nervioso. Es el turno de Kareem Abdul Jabar. ¡Qué asco, se ha tirado el pedo incendiario de las Brigadas Suicidas de Alaxka! Es un pedo difícil. 9,00. 8,50. 8,25. 8,00. 9,00. Puntuación final: 9,25 (¿?). José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro J. Ramírez han traído una bula papal que les permite tirarse pedos a dúo y en stereo. ¡Oohhh, muy mal! Se han adelantado y han fallado en sincronización. Una pobre ejecución. El público de South Park es entendido y exigente y da claras muestras de descontento. 4,00. 4,25. 3,00. 0,00. 2,50. Puntuación final: 9,25 (¿?).
Madre mía, necesito superar un 9,25 para no quedar el último y, curiosamente, necesito idéntica puntuación para quedar el primero. Robert Redford me anuncia como un último participante de última hora. "Ladies and gentlemen, por último, una joven promesa de Madrid, Méeeeeexicoooo... con todos Vds., Puuuuuuccccccckkkkkkkkk". Pero si yo no me llamo Puck... busco con la mirada a Speedy en busca de algún consejo de última hora. Lucía y él me transmiten claras muestras de apoyo, con los pulgares extendidos hacia abajo. Necesito una inspiración divina, así que cierro los ojos y me pongo a hablar con Jesús. Le pregunto qué puedo hacer. "Hijo mío, y yo qué sé...", me contesta. Analizo la respuesta, pero no le encuentro ningún significado y mando a Jesús al carajo. En fin, tendré que encontrar mi propia inspiración. El público se impacienta y Robert Redford me insta a que comience mi ejecución. En ese último instante sublime de locura, cuando ya comienzo a imaginarme cómo será el sacrificio humano del último clasificado, recuerdo una vieja película de Pedro Almodóvar y un golpe de talento me ilumina... lo doy todo de mí mismo.
Mi ventosidad aromática es terrible. Una gran nube de metano tóxico ha inundado South Park. Las caretas antigás no sirven, los espectadores se revuelven en la nieve, agonizantes. La silicona de Pamela Anderson ha reaccionado de forma adversa al metano y se ha derretido. Mi contaminación ha convertido de forma irremediable a Robert Redford en un hombre de color (lo siento por mi mamá, que siempre estuvo loquita por ese rubio de ojos azules). El ecosistema de South Park tardará décadas en recuperase de tan terrible impacto. Aprovecho la confusión para reunirme con Lucía y Speedy, les propongo que nos marchemos cagando leches. La nube tóxica se está dispersando y una multitud encolerizada, encabezada por Kenny y sus amigos Stan y Kyle, me persigue con antorchas para sacrificarme ritualmente (sólo me han dado un 2,25 y he quedado el último, pese a que las puntuaciones parciales fueron 10, 10, 9,75, 10 y 4,5). Lucía y Speedy, los muy traidores, temen por su integridad física y acaban entregándome a la chusma. Estoy perdido.
En tan trágicos instantes y sin dar un duro por mi alma (lamento profundamente haber sido tan ingrato con Jesús hace unos momentos), sufro una réplica de grado 7 en la escala Ritcher. Me tiro una nueva e involuntaria ventosidad. Kenny, que ya me estaba empezando a asar a la parrilla, es quien corre con las peores consecuencias. Su antorcha sufre una tremenda implosión al alimentarse con el metano que expulso por el culo y Kenny arde presa de las llamas. Queda carbonizado. "Dios mío, ha matado a Kenny", exclama Stan. "Hijo de puta", me grita Kyle. Veo que Speedy le ha hecho el puente a un tractor amarillo y se fuga con Lucía, abandonándome a mi suerte. Si ya me lo temía...
Tengo la fortuna de que un taxi pasa junto a mí. Hago muestra de las habilidades adquiridas tras largos años pasados en la selva profunda y consigo pararlo. John Travolta conduce y Samuel L. Jackson le acompaña en el asiento del copiloto. En un primer momento, Travolta me dice que el taxi no está de servicio pero, entonces, repara en quien soy. "Coño, Puck, ¿cómo te va la vida, qué haces?". Ya ves, huyendo de una partida de linchamiento, nada especial... joder Travolta, cuantas veces he de decirte que yo no me llamo Puck. Como no me parece que éste sea el momento más apropiado para conversaciones filosóficas, le pido a Jackson y a Travolta que me lleven rapidito de regreso a casa. John no tenía muy claro el camino y tardamos cinco años en llegar a Madrid.
A mi vuelta, no dudo en dirigirme directamente al bar para aliviar mis penas en alcohol como de costumbre. Estoy dolido con Lucía... ¿cómo ha podido dejarme para para fugarse con un maldito hámster bigotudo y desagradecido? Me encuentro en la barra con el madel-man, que está un poco mosqueadillo conmigo. "Puck, a ver cuándo me devuelves el paracaídas". Ya no puedo más y decido dejar las cosas claras con este ridículo hombrecillo de plástico que sólo mide quince centímetros de altura. "Mira, madel-man, tío... yo no me llamo Puck".
... en la que todos los ratones tenían cola, jaja. Voy a concentrarme en unas historias de amor que tengo atascadas, así que en la próxima entrega mataré al Hombre Descerebrado... es un fulero sin gracia, oficio ni beneficio, y estoy harto de que todo el mundo le confunda conmigo. Eso sí, será un final a lo grande, con efectos especiales y estrellas invitadas. 回應 (10)
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