| Profil von N.¿Cuándo cogerá el Coyote...BlogListen | Hilfe |
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05.10.2005 Masaje capilarNo iba a escribir en unos días. No estoy de humor. Pero hoy ha pasado algo. Tengo otras cosas muy serias que hacer y de las que preocuparme (ay...). Pero no puedo evitar escribirlo. De corrido. No consigo quitármelo de la cabeza. ¿Me habré vuelto estúpido? Eso tiene que ser, no hay otra explicación. Pocas dudas me quedaban. Y no es que me haya pasado algo extraordinario, o siquiera especial a primera vista. No he disfrutado de un amanecer precioso tras una noche de angustia trabajando. No he tenido una ingeniosa charla en la que Bea Inteligente me desarme. No he visto un eclipse. Esas cosas me pasaron otros días y, aunque quizá lo merecieran, nada escribí de ellas. No, no he cruzado aún el Rubicón. Ni he cogido al Pato Lucas, jaja. Hoy símplemente... fui a cortarme el pelo. Lo tenía largo y estropeado. Siempre me gustó llevar el pelo largo, aunque hace muchos años (¡hace quince, cuando tenía dieciocho!) que no me dejo melena. No hay nada más patético que un treinteañero con coleta. Se riñe con las entradas, y eso que parece que la alopecia de momento me respeta (mi padre tiene setenta y cuatro años y una hermosa cabellera blanca, ¡toco madera!). Pero me gusta llevarlo un poco largo. Siempre al límite de lo permitido por los estándares de yupilandia, el mundo de fantasía en el que a mi pesar vivo. Mas ya hace tiempo que había trasgredido esas reglas de etiqueta no escritas. Se imponía una visita al Territorio Apache. Ella parecía tímida y, he de decirlo, un poco triste. No era guapa, ni lo pretendía. Me cortó el pelo. Y se empleó a fondo. Nunca me agradaron las peluquerías. Me siento imbécil tanto tiempo delante de un espejo. Intentando llevar una charla intrascendente con el esquilador/a de turno. Pero no con ella. Su aparente tristeza (vulgar interpretación que hice de su más que seguro cansancio) levantó en mí confianza y simpatía espontáneas. Y eso se sale de lo normal: odio cortarme el pelo. Me preguntó tímidamente un "¿cómo lo quieres?" y, cambiando mis planes, le respondí que "a saco". Dios mío, menos mal que no me hizo caso, temí salir convertido en militar o algo peor. Fue comedida. Se dedicó a pasarme la tijera con suavidad y en silencio. Acariciándome el pelo. Mimándolo. Sacando de aquí y de allá. Yo no me miraba en el espejo, miraba sus manos. Cuando terminó con la tijera, me dijo "voy a lavarte el pelo". No fue una pregunta. Tampoco algo impuesto. Símplemente, iba a lavarme el pelo. ¿Cómo podría decirlo? Supongo que así amasa un buen pastelero la tarta de su boda. Quizá es que ella me vió abatido. Sí, me lavó el pelo... y me apretó profundo en la sienes. Me acarició la frente con dulzura. Me tocó intensamente la nuca, las mejillas, el cuello. O al menos eso me pareció. Se me antojó que sus manos eran un todo con mi pelo. No recuerdo cuándo estuve por última vez tan relajado. Puro tacto. Fue un placer inesperado. Al terminar, le dí las gracias. Y ordené a mis labios que pronunicaran las palabras, "¿cómo te llamas?". Pero no salieron. Y aquí me encuentro ahora, montándome una película sin sentido por un corte de pelo. ¿Por qué? Quizá porque mi tímida peluquera... me trató con un poco de ternura. Me hacía falta. Y ahora, después de tanta tontería, seguiré con mi imaginaria caza del Pato Lucas. Como siempre, en solitario. Ay Daffy! Cuando te pille, te vas a enterar de lo que vale un coyote... Kommentare (13)Melden Sie sich zum Hinzufügen eines Kommentars mit Ihrer Windows Live ID an (wenn Sie Hotmail, Messenger oder Xbox LIVE verwenden, besitzen Sie eine Windows Live ID). Anmelden Sie haben noch keine Windows Live ID? Registrieren
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